Blanca Luz Brum,

En: Diario “Justicia”, sección “El Arte por la Revolución”, 1929, Sábado 19 de enero, página 6.


El alma del huaco


Hace como setenta noches que te trajeron. Ahí estás sobre mis libros huaco enigmático y austero; hay veces que parece te ríes de ellos; que te arqueas y haces crueles morisquetas como si te provocara bufonadas el inmenso cráter de las civilizaciones.


Entonces yo casi te pido “por Dios no te rías de estos libros que es el gran lenguaje de la sabiduría humana”… Cuando esto voy a decirte ya estás otra vez serio y con esa quietud imbécil que tienen y comienza el tormento de mis ojos, de mis manos y de mi boca contigo.


Todas las noches lo mismo ¿de dónde vienes? ¿desde cuándo vives? ¿quién te grabó esa cara enigmática y fea que hace llorar de terror a mi hijito? ¿y esa expresión irónica que tienes como para reírte siglos y siglos de todas las civilizaciones? ¿y esa mueca de tortura? ¿y esa quietud es un símbolo de raza muerta para siempre?


Tus piernas y tus brazos tan reatados, ¡tan inmóvil que das pena!


Me conmueves a la vez que me exasperas. Mi lengua te busca ese sabor extraño y sedante que tienes a entrañas de tierra y mis labios se resecan como si hiciera años que no bebieran… te huelo, te aspiro casi y pienso que ese olor a tierra milenaria ha de ser el mismo que tendrán mis huesos bajo tierra cuando pasen los siglos. ¡El mismo olor y sabor de mis huesos!


Huaco, patética imagen de algún fantástico guerrero, eres un símbolo de eternidad que transtorna y llena de inquietud mi vida tan sencilla. Ya mis ideas trascienden a cosa vieja y preocupada, se me están acabando los poemas ingenuos. El más allá ha empezado a grabarme un tatuaje oscuro en el corazón.


Blanca Luz de P. del Riego.