Diario “Justicia”. Sábado 5 de enero de 1929


(Fragmento inédito)


El reloj de las imágenes caídas


Novela de Blanca Luz Brum


Los árboles se rompían gimiendo; ¡pobres hombres! Lluvias y vientos arrecian las majadas con latigazos de relámpagos; extraviados los corderitos van llorando como las criaturas y no hay un seno de mujer. ¡Pobres animalitos de Dios! ¡Ay! y en la ciudad los niños estarán heladitos de frío y muertos de hambre – y la “nena” tenía su drama en la almohada; llorando como loca se besaba las manos, como si fueran niños abandonados.

¡Qué noche p’al pobre Juan! – exclamó el viejito apuntalando las ventanas (1).

Pero ella seguía llorando, sufriendo por todos los corderos que esa noche la llamaban; por todos los niños desparramados por el mundo en esa noche salvaje; por sus hermanos abandonados y pobres. Y abrazada a su almohada con todo el dolor de la tierra sobre sus espaldas, gemía medio deshecha. ¡Ya nunca podrá ser feliz! Pero, ¿y quién podría serlo, Dios mío? ¿Acaso esos árboles ya no están rotos? ¿Y el caballo bruto que se pisó un pollito? Y el pobre corderito “guacho”, y las ovejas ciegas, y las canizas blanqueando con un vuelo de cuervos… ¡Ah! quién iba a ser feliz después de todo esto. ¡Y mi mamá que nunca va a vivir!

Y la nena seguía desenterrando dolores en esa noche de Dios ensoberbecido. Quería huir, escaparse. Adivinaba el campo espantoso mientras caían los árboles quejándose y un rayo rajaba los ombúes. Mirarse frente a frente con ese cielo sin piedad y sin estrellas. ¡Gritarle a Dios!

(Acaso del fondo de esa noche salvaje, llena de quejidos y centellas, vino la voz del mundo como una criatura recién nacida).

¡Mamita! ¡Mamita! ¡Ay! ¡los corderitos de Dios!


(1) Referíase a los zorros llamados “Juan” y que en esas noches ambulan por los campos gritando.